10. Βλαστησεισ

Στα χώματα, που δεν είχαν όνομα κι ούτε αριθμό
κατέβαινε ο άνεμος από κυριαρχίες άλλες.
Έφερνε η βροχή κλωστές ουράνιες,
και των κυοφορούντων βωμών ο υγρός θεός
ξανάδινε τα λουλούδια και τις ζωές.
Μέσα στη γονιμότητα αυγάταινε ο καιρός.
Το χακαραντά έσκαγε αφρό από
φωτοβολήματα γαλάζια,
η αραουκάρια με τις εχθρικές της λόγχες
ήτανε η μεγαλοπρέπεια αντίκρυ στο χιόνι,
το αρχέγονο δέντρο καόβα
διύλιζε στην κορφή του αίμα,
κι εκεί στο Νότο των αλέρσε
το δέντρο-κεραυνός, το κόκκινο δέντρο,
το δέντρο-αγκάθι και το δέντρο-μάνα,
το πορφυρό σέιβο, το δέντρο κάουτσο,
ήτανε χθόνιοι όγκοι, ήτανε ήχος,
υπάρξεις ήταν του χώρου τούτου.
Ένα διάχυτο καινούργιο άρωμα
πλημμύριζε, απ’ τις ρωγμές
της γης, ανάσες
που άλλαζαν σε μύρο και καπνό:
ο χλωρός άγριος ταμπάκος ύψωνε
τους αέρινους φανταστικούς ροδώνες του…

 

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10. Vegetaciones

A las tierras sin nombres y sin números
bajaba el viento desde otros dominios,
traía la lluvia hilos celestes,
y el dios de los altares impregnados
devolvía las flores y las vidas.

En la fertilidad crecía el tiempo.

El jacarandá elevaba espuma
hecha de resplandores transmarinos,
la araucaria de lanzas erizadas
era la magnitud contra la nieve,
el primordial árbol caoba
desde su copa destilaba sangre,
y al Sur de los alerces,
el árbol trueno, el árbol rojo,
el árbol de la espina, el árbol madre,
el ceibo bermellón, el árbol caucho,
eran volumen terrenal, sonido,
eran territoriales existencias.

Un nuevo aroma propagado
llenaba, por los intersticios
de la tierra, las respiraciones
convertidas en humo y fragancia:
el tabaco silvestre alzaba
su rosal de aire imaginario.
Como una lanza terminada en fuego
apareció el maíz, y su estatura
se desgranó y nació de nuevo,
diseminó su harina, tuvo
muertos bajo sus raíces,
y luego, en su cuna, miró
crecer los dioses vegetales.
Arruga y extensión, diseminaba
la semilla del viento
sobre las plumas de la cordillera,
espesa luz de germen y pezones,
aurora ciega amamantada
por los ungüentos terrenales
de la implacable latitud lluviosa,
de las cerradas noches manantiales,
de las cisternas matutinas.
Y aun en las llanuras
como láminas del planeta ,
bajo un fresco pueblo de estrellas,
rey de la hierba, el ombú detenía
el aire libre, el vuelo rumoroso
y montaba la pampa sujetándola
con su ramal de riendas y raíces.

América arboleda,
zarza salvaje entre los mares,
de polo a polo balanceabas,
tesoro verde, tu espesura.

Germinaba la noche
en ciudades de cáscaras sagradas,
en sonoras maderas,
extensas hojas que cubrían
la piedra germinal, los nacimientos.
Útero verde, americana
sabana seminal, bodega espesa,
una rama nació como una isla,
una hoja fue forma de la espada,
una flor fue relámpago y medusa,
un racimo redondeó su resumen,
una raíz descendió a las tinieblas.

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