11. Amor América

11. Love America
Translation by Mikaela Dunitz

Love America

Before the wig and coat
were the rivers, the arterial rivers,
the mountain ranges, in whose weary wave
the condor or the snow appeared unstirring:
the thickness of the humidity, the unnamed
thunderclap, the planetary pampas.

Man was earth, a vessel, the eyelid
of the quivering clay, a form from the mud of the earth,
a Carib pitcher, a chibcha stone,
an imperial chalice or an Araucanian silica.
Tender and bleeding he was, but on the hilt
of his moist crystal weapon,
the initials of the earth were
inscribed.
No one
could remember them later: the wind
forgot them, the language of the water
interred, the keys were lost
or inundated by silence or blood.

Life was not lost, pastoral brothers.
But as a savage rose,
a red drop fell to the depths,
and the lamp of the land was extinguished.
I am here to tell history.
Since the peace of the buffalo
until the lashed sands
of final earth, in the accumulated surf
of antarctic light,
and for the burrows embedded off the cliffs
of somber Venezuelan peace,
I searched for you, my father,
young soldier of shadows and brass,
or you, nuptial plant, indomitable hair,
caiman mother, metallic dove.

I, Inca from mud,
touched the stone and said:
Who
waits for me? And I squeezed my hand
around a fistful of empty glass.
But I traveled among zapotec flowers
and the light was as gentle as a stag,
and the shade was like a green eyelid.

My earth without a name, without America,
equinoctial stamen, purple spear,
your aroma winds up my roots
into the chalice I nursed, into the finest
word still not yet born from my mouth.

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11. Amor América, Maria Farantouri

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11. Amor América

Antes de la peluca y la casaca
fueron los ríos, ríos arteriales,
fueron las cordilleras, en cuya onda raída
el cóndor o la nieve parecían inmóviles:
fue la humedad y la espesura, el trueno
sin nombre todavía, las pampas planetarias.
El hombre tierra fue, vasija, parpado
del barro trémulo, forma de la arcilla,
fue cántaro caribe, piedra chibcha,
copa imperial o sílice araucana.
Tierno y sangriento fue, pero en la empuñadura
de su arma de cristal humedecido,
las iniciales de la tierra estaban escritas.
Nadie pudo recordarlas después: el viento
las olvido, el idioma del agua
fue enterrado, las claves se perdieron
o se inundaron de silencio o sangre.

No se perdió la vida, hermanos pastorales.
Pero como una rosa salvaje
cayo una gota roja en la espesura
y se apago una lámpara de tierra.
Yo estoy aquí para contar la historia.
Desde la paz del bufalo
hasta las azotadas arenas
de la tierra final, en las espumas
acumuladas de la luz antártica,
y por las madrigueras despeñadas
de la sombría paz venezolana,
te busque, padre mío,
joven guerrero de tiniebla y cobre
o tu, planta nupcial, cabellera indomable,
madre caimán, metálica paloma.

Yo, incásico del légamo,
toque la piedra y dije:
Quien me espera? Y apreté la mano
sobre un puñado de cristal vacío.
Pero anduve entre flores zapotecas
y dulce era la luz como un venado,
y era la sombra como un parpado verde.
Tierra mía sin nombre, sin América,
estambre equinoccial, lanza de púrpura,
tu aroma me trepo por las raíces
hasta la copa que bebía, hasta la más delgada
palabra aun no nacida de mi boca.

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